Viajando con Peppa Pig



Cruzarte el mundo, pasarte casi un día entero metido en un avión es algo que siempre se hace duro. Pero lo es mucho mas cuando viajas con un bebé. Este año decidimos que queríamos que Iago empezase a conocer lo que significan los Reyes Magos, que tuviese esas sensaciones y emociones que todos empezamos a tener con su edad y que hacen de esos días los mas esperados del año.
Como su padre no podía acompañarnos por motivos de trabajo, tuvimos que hacer el viaje los dos solos. 12 horas de vuelo, tres de escala en Estambul y cinco horas mas hasta Santiago de Compostela. Un mundo para un canijo de año y medio.
Ya no era la primera vez que viajamos los dos solos, de hecho a las tres semanas de nacer, Iago y yo volamos para Hong Kong, pero en aquella ocasión solo comía y dormía. Como ya tenemos algo de experiencia en este tipo de viajes, hay una serie de cosas que sabíamos que teníamos que hacer.

Lo mas importante es conseguir que duerma en el avión el mayor tiempo posible. Para eso tenía que  intentar que llegase al avión (salía a las 11 de la noche) todo lo cansado que pudiese. Así que le llevamos una pelota al aeropuerto. Las pelotas lo vuelven loco, y se pasó todo el rato mientras esperábamos para facturar y para embarcar, corriendo detrás de la pelota... y yo corriendo detrás de él. Pero por lo menos la espera no se le hizo larga y él gastó gran parte de sus energías.

Una vez en el aire, hay que echar mano de mis mejores aliados: Pepa Pig y el Ipad. Iago no entiende una cosa sin la otra, y no se cansa de ver todos los capítulos una y otra vez. Se entretiene mucho y el tiempo pasa mucho mas rapido. También con los folios y las pinturas. Le encanta coger los plastidecor y hacer garabatos en el papel. Aunque de eso se cansa antes, casi siempre antes que yo

 

Y como no aguanta el pobre todo el rato sentado, también se entretiene arrastrando su coche por debajo de las piernas de todo cuanto pasajero hay. Todo vale con tal de pasar de la mejor manera tantas horas metido dentro de un avión.

 

Otra cosa que siempre me preocupa es el jet lag, asi que intento que él note lo menos posible el trastorno del cambio de horario. Para ello lo primero que hacemos al subir al avión es cambiar la hora y poner la de destino. Esto hace que cuando, por la hora de Hong Kong le tocarÍa comer, yo le vuelvo a dar el desayuno. Así su organismo ya se va haciendo a la idea de la hora que es y le resulta algo mas sencillo.

 

He de decir que de Hong Kong a España el cambio lo llevó estupendo, aguantó despierto hasta muy tarde la primera noche y durmió casi todos los días del tirón. A la hora de volver la cosa fue un poco mas complicada, pero todo está ya volviendo a la normalidad. Ahora estaremos tranquilos unos meses, hasta que en mayo toque volver a subirnos a un avión para pasar en España y las vaciones de verano. Esa vez vendrá papá también con nosotros y será algo menos duro, pero aun así, Peppa Pig, la pelota y el coche seguirán siendo nuestros mejores compañeros de viaje.






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