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jueves, 23 de abril de 2020

La primera vez

 
Cuando tienes niños siempre se tiene presente la primera vez que hacen cada cosa. Si eres padre primerizo eso se lleva hasta el extremo, porque además de ser su primera vez es la tuya también. Pero no nos engañemos, nosotros vamos por el tercero y la cosa no mejora.

En estos tiempos de inmortalizar todo y de que las redes sociales te recuerden lo que has hecho en cada momento de los últimos diez años, no hay un día que pase sin que revivas experiencias y situaciones pasadas. Desde la primera vez que tu hijo mayor se puso a gatear hasta el día en el que el pequeño se sacó su primer moco de la nariz. ¿Excesivo? Puede, pero es que somos la primera generación de padres en RRSS. Seguro que esta tara la tenían también las generaciones pasadas de uno u otro modo.

Pero además, ahora vivimos tiempos insólitos. Pasamos por cosas que nunca nadie pasó, y es nuestra primera vez para casi todo. Vivimos confinados, y eso supone una realidad a la que no nos habíamos enfrentado nunca. Convivimos con nuestras parejas e hijos 24 horas al día, sin tiempo para nosotros, sin nuestros hobbies y sin nuestras válvulas de escape. En nuestro caso no es una situación muy diferente, porque nuestros horarios siempre nos permitieron pasar mucho tiempo juntos, pero seguramente para muchos es una experiencia inédita.

Y también lo es lo que viene ahora. Ya os contamos que empezamos a salir. Con cautela pero con libertad. Y al principio te llega porque vienes de la nada. Como a los niños les va a llegar un par de días la hora que le dejan salir con el patinete en España. Pero pronto sabrá a poco, y va a ser peor el remedio que la enfermedad.



La situación en Hong Kong invita al optimismo. Varios días sin casos nuevos y menos de diez en la última semana, que es lo que hay aquí, es un escenario que todavía vemos muy lejos en España. No hay colegios, el tiempo aquí acompaña, así que... ¿por qué no?

En la última semana tratamos de recuperar un poco nuestra vida. Salidas al aire libre, paseos mas largos, visitas a Ikea... incluso nos animamos a ir a la playa. Los niños, en su primera vez desde el Coronavirus, nos dieron una vez mas una lección. !Increíble verlos con las mascarillas haciendo castillos de arena e incluso jugando al fútbol en la playa! No es una situación ideal, pero es algo a lo que nos vamos a tener que ir acostumbrando porque nos va a cambiar la vida para siempre, y desde luego nosotros no vamos a renunciar a hacer lo que nos gusta solo porque resulte algo mas incómodo. Peor es no poder salir de casa y creo que eso es algo que ya aprendimos todos.



De momento no se puede jugar con otros niños, (aunque es difícil ponerle puertas al campo) no se puede hacer según que cosas, y no es fácil. Pero estos días, con incomodidades incluidas, sentimos que de alguna manera el mundo volvía a ser un poco como antes. Comimos helados, saltamos las olas y volvimos a tener esa sensación maravillosa de sentir la arena entre los dedos. Y Nora visitó la playa. Y tocó la arena. Y se mojó los pies. Y lo inmortalizamos, por supuesto. A pesar de ser tiempos extraños, no dejaba de ser su primera vez.





lunes, 6 de abril de 2020

Staycation

 
Dice Google que Staycation es un periodo vacacional en el que una persona o familia se queda en casa y realiza actividades de ocio. Todos nos estamos enfrentando a una misma situación, así que vamos a intentar verlo desde un punto de vista diferente. Ninguno de nosotros elegiría su casa como lugar de vacaciones, pero este es el momento de demostrar que no se está tan mal en casa.

Por supuesto, hay casos y casos, y cada uno tiene sus problemas y sus dificultades. Algunos tienen que lidiar con la soledad, con la incomunicación o con la claustrofobia. El nuestro no es tampoco el caso idílico; se trata de estar en un piso con dos niños pequeños y un bebé lactante. Creo que hay poco mas que añadir.

Nosotros no tenemos la obligación de estar en cuarentena, pero por responsabilidad y compromiso con nuestro entorno, decidimos que al menos los catorce días siguientes a su llegada a Hong Kong los pasaríamos en casa. Como ya os había contado, mi club me recomendó estar una semana apartado, y me mandaron hacer el test (el resultado fue negativo) antes de poder volver a los entrenamientos. El fútbol es un deporte de contacto y el contagio es muy fácil, así que no me pareció mal. Cualquier precaución es poca. Además la idea de pasar con ellos dos semanas, echar una mano durante el jet lag y recuperar el tiempo perdido en estos dos últimos meses me parecía un plan perfecto.

Plan perfecto. Sí. Pero dos semanas cinco personas en un piso de menos de 70 metros cuadrados. Un plan perfecto es una semana en las Maldivas. No nos engañemos, esto es un suicidio. Todos tenemos muchos planes, muy buenas intenciones y las cosas muy claras. Pisos de Instagram y niños de revista que no se acercan a la realidad de la mayoría de personas en el mundo real. A la nuestra tampoco.

Aún así, vamos a compartir con vosotros lo que han sido estas dos últimas semanas en las que solo yo he salido de vez en cuando, a comprar comida y poco mas. Todos y cada uno de los que nos leéis, y sabemos que sois muchos y desde distintas partes del mundo (GRACIAS) estáis pasando por lo mismo. No pretendemos dar lecciones sino aportar opciones, y ojalá vosotros nos deis ideas para seguir haciendo los días atractivos, porque da la sensación de que a todos nos quedan muchas semanas con los peques en casa y cualquier ayuda es poca.

Lo que tuvimos claro desde el primer día fue que teníamos que organizarnos, planear los días de manera que los niños supieran mas o menos, aunque no fuese de una manera rígida, lo que iba a pasar. Y ayuda. Este es mas o menos nuestro día a día:

No hay que poner despertador, porque desgraciadamente dormir no está entre sus aficiones. Haya colegio o no, festivos o fines de semana, nunca les dan las 8 de la mañana en la cama. Nora tiene su propio horario nocturno pero le gusta dormir por la mañana, así que normalmente los chicos desayunamos primero mientras a ellas recuperan un poco el sueño.

Después normalmente es el tiempo de hacer ejercicio. A ellos les encanta hacer yoga  y lo hacemos con videos que hay en Youtube kids. Es una forma estupenda de iniciarlos en el mundo del yoga de una forma entretenida. Roque es peque aun, pero Iago se mete completamente en el papel y le ayuda mucho a relajarse y concentrarse. Mientras, nosotros hacemos nuestro propio programa. Es muy necesario siempre, pero especialmente en estos momentos hacer ejercicio, liberar adrenalina y sentirte bien contigo mismo. Ademas, tarde o temprano, a nuestros músculos les pediremos ayuda para algo mas que ir de la cama al sofá, y hay que prepararlos.

Si hace bueno, subimos a la terraza. A veces, las mas, para jugar. Fútbol, bádminton, la pilla, ping pong... Otras, simplemente para tomar el café al sol y sentirte libre. Es nuestra tabla de salvación. No quiero ni imaginar como estáis muchos de vosotros, con niños en pisos sin espacios al aire libre. Ellos son los que menos entienden todo esto y los que mas necesitan el aire. Jugar, saltar, correr... todo eso que es tan normal y que ahora vemos como una quimera. En ese sentido, a nosotros nos están dando una lección Iago y Roque, porque acatan todo bastante bien. Como si todo lo que tuvieron que pasar en el viaje para venir aquí les hubiese preparado para lo que venía. Como si, después del miedo y la incertidumbre de aquellos días, diesen por bueno esto con tal de estar todos juntos.

También hay tiempo para el colegio por las mañanas. Tras un par de días en los que hubo conflicto con el tema deberes, a los que se les asocia una connotación negativa, decidimos que este tiempo no era el de deberes sino el del cole. De momento no les ponemos los uniformes, pero todo se andará jaja. Aquí los colegios tienen cierta estructura para el e-learning, y casi desde el primer día recibimos contenidos, clases en zoom, Google Classroom, Youtube y otras plataformas que ni sabíamos que existían. El colegio de Roque nos manda horarios de clases y deberes todos los domingos, y yo creo que si los hiciésemos todos cada día sería prácticamente un trabajo a jornada completa!

Iago también tiene mucho contenido en la aplicación de su colegio, pero él es un poco mas autónomo y casi todo lo puede hacer en su iPad. Aun así, no es fácil. Son niños de edades muy diferentes y por lo tanto el tiempo y la intensidad de las tareas no son las mismas. Con Nora siguiendo su propio horario y demandas, el tiempo de colegio es una actividad que requiere atención completa de los dos padres.

Las tardes son un poco mas relajadas y como en Hong Kong son siete (bueno ahora seis) horas menos que en España, aprovechamos para hablar con la familia. Todos están, por supuesto, en sus casas confinados, y cada uno con sus historias y problemas. Así que las videollamadas son una forma estupenda de contar nuestro día y alegrarles el suyo. Compartimos juegos, cenas, baños y hasta de vez en cuando una caña o un vino. Creo que nunca en la vida hablamos tanto con nuestros padres y hermanos como en estas semanas!

Tratamos de hacer juegos y actividades con ellos también. Acostumbrados a una vida llena de prisas entre colegios, extra escolares, cenas y deberes, no es sencillo encontrar cosas en las que podamos involucrar a los dos y que ambos se sientan partícipes y no se aburran. La lista es interminable, desde cocinar juntos (el otro día rebozamos croquetas y fue muy divertido) hasta hacer pulseras para medio mundo, pasando por puzzles, juegos de mesa, ma y un sinfín de cosas mas.

Y los juguetes. Si para algo está sirviendo este periodo de confinamiento es para sentir que por fin los montones de juguetes que todos tenemos en nuestras casas y que nunca se tocan se empiezan a amortizar. Se sacan los bloques y los Lego de hace años, los playmobiles tienen una segunda juventud, los dinosaurios vuelven a campar a sus anchas por el salón... Es el argumento perfecto para una nueva peli de Toy Story!

Intentamos, y he de decir que lo conseguimos, reducir el tiempo de teléfonos, iPads, y consolas al máximo posible. Un rato después de comer y un poco mas por la noche entre la cena y la cama. Es verdad que eso supone un esfuerzo extra porque todo eso requiere nuestra participación activa y no siempre es posible. María es freelance y Nora tiene lactancia materna exclusiva. Trabajar así desde casa con los peques alrededor es una tarea muy difícil, y es muy tentador enchufarlos a una pantallita, pero tratamos de organizarnos.
A veces claro que sucumbimos y ven la tele un poco mas de lo deseado, pero bueno, quien no en estos días. Y otras, hacemos uso del dicho ese de "si no puedes con el enemigo, únete a él"; Compramos el Mario Party y echamos unas buenas partidas de vez en cuando a la Nintendo Switch. Es genial, porque se puede jugar en familia y muchos de los mini juegos que tiene son de pensar, de habilidad o con cierto componente físico. Y lo mas importante, es muy divertido!

Y sin darse cuenta llega la hora de ir para cama. También en eso tratamos de mantener la rutina, y nunca acostarlos mas tarde de las diez. Por ellos, que da igual a la hora que se acuesten van a madrugar de todos modos, y por nosotros, que llegamos ya con la batería fundida.

En ese momento, con la casa en calma y en silencio tomamos conciencia de lo frenético que es el día. Nos tiramos en el sofá, ponemos una serie, nos relajamos y nos damos cuenta de que no ha habido un minuto de respiro. Los días pueden pasar despacio, pero las horas vuelan. Nunca llega el día para hacer todo lo que queremos, sobre todo nosotros, los padres. Vamos dejando de lado nuestros propios proyectos e intereses porque requieren concentración, tranquilidad y soledad y no tenemos nada de eso. La sensación de tener la casa vacía para ti, ordenada, limpia y tranquila es algo que, no nos engañemos, todos echamos de menos.

Tenemos nuestros malos momentos, en los que te dan ganas de abrir la ventana y gritar con todas tus fuerzazs, nuestras peleas y nuestras discusiones, faltaría mas, pero al final de todo esto vamos a recordar todo lo bueno que este tiempo nos está dando. Porque, ya que tenemos que estar así a narices, vamos a aprovecharlo. A conocernos mas y conocer mas a nuestros hijos, a perder el tiempo por las mañanas, a hacer batallas de cosquillas y montones de palomitas. A disfrutar los que tenemos la suerte de estar en familia, de la bendita locura que es tener la casa llena de vocecitas agudas y pisadas diminutas.
















viernes, 6 de marzo de 2020

La rápida llegada de Nora Mei

Han pasado tantas cosas en los últimos meses que no hemos tenido tiempo ni de presentar formalmente a la última en llegar a esta locura que tenemos de familia. Y es justo que dediquemos un ratito a explicar aquí como fue todo, desde la última vez que os contamos como iba el embarazo hasta ahora, cuando Nora tiene ya (Dios, el tiempo vuela) casi tres meses.


              



Sabíamos, intuíamos, que todo iba a ser rápido. Sus hermanos habían nacido en la semana 37 y ella por momentos parecía que ni a esa fecha quería llegar. Todo lo que fuese llegar a esa semana sería un logro, porque llevaba varias semanas con muchas contracciones y repetidas llamadas a la calma y a la vida tranquila por parte de mi ginecóloga. Vivimos en un cuarto sin ascensor y tenemos otros dos niños, así que calma y tranquilidad no son palabras que hayan definido precisamente mi embarazo, que no fue ni tranquilo ni sosegado. Por eso, al cruzar la línea de las 37 semanas pude por fin respirar y relajarme.

 El viernes 6 de Diciembre mi ginecóloga me envió corriendo al hospital porque decía que el parto estaba a punto de empezar, pero no fue así. Iago estaba con nosotros en el médico, así que tuvimos que llamar corriendo a un amigo para que lo viniese a buscar y lo llevara a casa. Al llegar allí comprobaron que no tenia contracciones regulares y me dejaron en observación una noche. Al día siguiente pedí el alta voluntaria y me vine a casita con mis chicos, que es el único sitio dónde quería estar. Fue una falsa alarma, pero me sirvió para conocer un poco mas el hospital y en cierto modo me dio tranquilidad. Dar a luz en un hospital desconocido y en un idioma que no es el tuyo sigue siendo un reto a pesar de haber pasado ya una vez por ello.

A partir de aquel día sabíamos que Nora podía nacer en cualquier momento. Aun así, estábamos los dos súper relajados y calmados. Iago no tanto, porque ya había dicho en su cole que esa semana iba a tener a su hermanita y estaba verdaderamente preocupado con que al final no fuese así. Y con unas ganas terribles de verla, como todos.

El finde pasó con total normalidad. Yo sentía que la niña estaba súper colocada y que cada día mi barriga estaba mas y mas baja. No solo lo sentía, se apreciaba con mucha claridad. La semana empezó también sin novedad, hasta parecía que me encontraba mejor y que la cosa se alargaría. Pero faltaba un elemento fundamental: la luna.

Puede que sean cosas de abuelas, habladurías o invenciones, no lo sé. Pero mis dos hijos anteriores habían nacido en luna llena, y el 11 de diciembre empezaba la última luna llena del año. A pesar de que la fecha de parto estaba para el 29,  en nuestras cábalas, el 12 de diciembre siempre fue una posibilidad. Y no acertamos por unos minutos. Porque Nora Mei, como sus hermanos, eligió una noche de luna llena para nacer y hacernos sentir la familia de 5 mas feliz del mundo.

Ese día, como todos, llevé a Roquete a la guardería y luego me fui a buscar a Dani a su entrenamiento para irnos los dos a comprar un par de cosas que nos faltaban para la Navidad a IKEA. Nos hacía especial ilusión esta Navidad y sólo el hecho de que naciese justo ese día nos preocupaba un poco, mas que nada porque los peques son muy peques y no entenderían que Papa Noel estuviese ocupado en otras cosas esa noche.

Pero allí, en medio de los sofás, los armarios y las luces de navidad, empecé a romper aguas. No fue de golpe, como en las películas, pero era bastante obvio que era eso, aunque es algo que no había experimentado en los embarazos anteriores. Aún así, como era poco, seguimos con nuestros planes.

Comimos y fuimos a buscar a Roque al cole. Allí, mientras esperaba fuera, me di cuenta que la cosa iba a mas. No quería apresurarme porque en HK no puedes pasar esa fase del parto con tu pareja y tampoco quería dejar a los niños solos mucho rato. Pero el estreptococo me había dado positivo e iba a necesitar antibiótico, por lo que no podía esperar mucho. Así que, a eso de las 6 de la tarde, cogimos un taxi, y para el hospital. Esta vez estaba segura de que no saldría de allí sin Nora.

Sin embargo, las matronas pensaban otra cosa. No tenía contracciones regulares, la bolsa no quería romper del todo y su primera intención fue mandarme para casa otra vez. Pero a mí algo me decía que era el día. Para ayudar a que la bolsa se acabase de romper, me puse a subir y bajar escaleras mientras Dani, con la rodilla recién lesionada, me miraba sentado cómo si estuviese loca. Pero funcionó. La matrona me miró y se dio cuenta de que la bolsa sí estaba rota y, casi a la vez, empezaron las contracciones. Eran cerca de las 8.

A partir de ese momento todo fue muy rápido. Las contracciones, que durante un tiempo no fueron ni regulares ni dolorosas, empezaron a subir de intensidad. Con Roque no tuve tiempo de pedir la epidural, y no quería que me pasase lo mismo esta vez. Pero ni de coña. Tras media hora o así de contracciones regulares, me miraron. 4 centímetros. Hora de ir al paritorio.

Me despedí de Dani, que al final sí que había podido estar conmigo todo el rato, para que se fuese a cambiar y vernos en la sala de parto, pero casi no le da ni tiempo a llegar. En el ascensor pasé de 4 a 10 centímetros, y mi cuerpo tenía unas ganas terribles de empujar. En ese momento entendí eso que pasa en la tele, de gente que da a luz en casa, en el taxi o en la calle, y que yo siempre pensé que era pura ficción. No di a luz en el ascensor, pero no por falta de ganas. De la epidural, por supuesto, ni hablamos. No me dio tiempo ni a que me pusieran la ropa del paritario, como para tener tiempo a que la epidural hiciese efecto...

Cuando ya creía que no iba a poder aguantar mas sin empujar, llegó Dani. Solo había tardado diez minutos, pero a mí se me había hecho eterno. Dos pujes y la mitad del cuerpo de Nora Mei estaba fuera. Diez minutos mas y estaba en mis brazos. Eran las 10:25 de la noche y nuestra peque ya estaba con nosotros.

Dani, que no sé ni como se acordó con las prisas, se puso las gafas de súper espía y grabó todo el parto con la cámara que llevan incorporada, y el video corrobora que fue un parto de record. La grabación dura diez minutos. Nora Mei no quería llegar al día 12 y darnos la razón. Fue testaruda desde el momento que nació.






miércoles, 12 de febrero de 2020

Maldito virus

Llevamos apenas mes y medio de este 2020 y ya tenemos la palabra del año. Coronavirus. Para la mayoría, afortunadamente, es simplemente algo que está en las noticias día sí y día también. Algo temible, pero lejano, que le pasa a gente desconocida en el otro confín del mundo. Pero resulta que nosotros vivimos en ese otro confín. Y en nuestra familia, el virus estalló como una bomba nuclear.

No hace ni un mes todo era felicidad en casa. Nora Mei (disculpad, pero siendo padres de tres cuesta mucho encontrar un hueco ni siquiera para hacer una entrada sobre su nacimiento) había inundado de alegría nuestra casa. Deberíamos estar hablando de eso, de que los niños, en contra de lo esperado, se lo habían tomado genial. De que la cuna de colecho es un descubrimiento maravilloso. De que estamos consiguiendo (estamos realmente orgullosos porque es incluso mas duro de lo que imaginábamos) la lactancia materna exclusiva. De nuestro coche nuevo, de nuestros proyectos profesionales... y sin embargo, de un día para otro, toda nuestra vida dio un vuelco.

Es verdad que vivimos en Hong Kong, no en Wuhan. No estamos ni cerca. Pero las fronteras con China son muchas y muy permeables, y era cuestión de tiempo que empezasen a surgir los primeros casos aquí. Especialmente en esta época de vacaciones por el Año Nuevo Chino, donde muchísima gente de Hong Kong viaja a China a visitar a familiares y amigos, y donde
Hong Kong es destino vacacional de mucha gente china. De todas partes, y también de Wuhan, de la que casi cinco millones de personas salieron antes de que quedase cerrada y asilada. Cinco millones. Una locura.

Las noticias empezaron a llegar y el pánico se instauró en la ciudad. Algo parecido, el SARS, ocurrió en 2003 y solo en HK murieron casi trescientas personas, así que la histeria es comprensible. Los colegios están cerrados por tiempo indefinido, se suspendieron todo tipo de actividades, se cerraron las bibliotecas, los recintos deportivos públicos... De repente, Hong Kong quedó sumida en una cuarentena de facto, con la gente mirándose unos a otros con recelo, con miedo a salir de casa... en fin una situación apocalíptica.

Salíamos de casa lo justo y en coche. Al supermercado y poco mas, y dejábamos a los niños dentro del coche mientras uno de los dos hacía los recados- ¿Necesario? Posiblemente no, pero el miedo es libre, y desde luego irse de valiente no tiene ningún sentido cuando lo que te juegas es algo tan importante como la salud de tus hijos.

Por eso decidimos que era un buen momento para irnos a España un tiempo. Temíamos que, como está pasando, cada vez fuese mas difícil entrar y salir de Hong Kong. Que yo, que tengo pasaporte de Hong Kong y nacionalidad china, pudiese tener dificultades para entrar en España y que la cosa se pusiese peor con nosotros dentro y atrapados.

El miedo, como digo, es libre, y cuando a lo que te enfrentas es algo que no se puede ver y por lo tanto evitar, la angustia es terrible. Solo de pensar en tener que llevar a Nora a vacunar al hospital nos asustaba. La mera posibilidad de que alguno cogiera un catarro (es invierno, sería lo lógico) y tuviese fiebre nos daba pánico porque lo primero que harían sería aislarnos a todos...

Así que nos fuimos, cómo casi todos los extranjeros que teníamos esa posibilidad. Desde España, seguimos las noticias con una mezcla de pena, rabia y desesperación. Los casos en HK, como era de esperar, siguen subiendo y la situación, sin ser límite, es complicada. Todavía no hay fecha para la vuelta al colegio, las calles siguen vacías y el miedo se palpa. Y esa no es vida.

El tema es que hay que tomar decisiones importantes, de esas que te cambian la vida. Y es muy duro. Sus vidas están en pausa y no es justo. Los niños, sobre todo Iago que tiene siete años ya, no puede estar sin escolarizar. Lleva desde Navidades sin colegio, y es insostenible. Y si empiezan el cole en España, es difícil pensar que vayan a volver en dos meses cuando todo esté, (crucemos los dedos) de nuevo en calma.

Y luego está el día a día, la logística. Ser padres de tres es un reto maravilloso pero durísimo, que obliga a los dos padres a estar las 24 horas del día mano a mano haciendo cosas. Y eso se complica todavía mas cuando los dos mayores pasan el día entero en casa y el descanso entre toma y toma es imposible. Una locura. Y es una locura con cuatro manos. No quiero ni pensar lo que es solo con dos. Por eso vivir separados nunca fue una opción y ahora, con dos niños pequeños y un bebé, menos. Pero estamos en una situación límite, porque en HK ahora mismo no se puede vivir.

Y sin embargo, aquí estoy, en un avión prácticamente vacío, cruzando el mundo hacia una ciudad a la que ahora mismo nadie quiere ir, mientras mi hija, que hoy cumple dos meses no ve a su padre y no  entiende nada. Igual que yo. Pero incomprensiblemente mi equipo, todos los equipos, siguen trabajando mientras el resto de la ciudad vive parada. Mi permiso para traer a la familia terminó y el trabajo me reclama.

Y si el vuelo a España lo hicimos con una incertidumbre tremenda, éste de vuelta es el mas triste de todos los que hice. Todos los escenarios que manejamos son difíciles y parece que no hay solución. Lo que tengo claro es que cinco meses, que es lo que queda para el final de la temporada, es un tiempo que no estoy dispuesto a pasar sin mi familia. Los necesito y me necesitan. Quiero ser padre y marido, y ejercer de ello cada día.

Ahora, que el avión está a punto de aterrizar y que el 11 de febrero está terminando, no puedo dejar de pensar que, de una manera u otra, la próxima vez que Nora cumpla meses tenemos que estar todos juntos. Donde sea, pero juntos.







miércoles, 16 de octubre de 2019

FaceTime Dad

Una de las malas cosas que suele tener el trabajo como expatriado es que normalmente implica viajar. Y si es en Hong Kong, un país que es una isla y poco mas, las posibilidades de tener que viajar y que ese viaje implique coger aviones son todavía mas elevadas.

Es cierto que mi trabajo es un poco especial, pero muchas de esas características se aplican igualmente. La competición local no incluye a China, con lo que los partidos de liga son en Hong Kong. No desplazamientos, no noches fuera, no concentraciones... pero además de esos, hacemos pretemporadas, partidos de competiciones internacionales y yo, desde hace dos años, partidos con la Selección de HK, que obviamente se juegan muchas veces en el extranjero.
Entre unas cosas y otras no hay menos de diez viajes durante la temporada, lo que implica que, una vez al mes mas o menos, me paso una semana fuera de casa.

Es duro estar lejos, pero lo es mucho mas quedarse en casa, sin ayuda familiar externa y al cuidado de las dos fieras. Colegios, extra escolares, días libres que son todavía mas complicados... Y si lo es en condiciones normales, imaginaos como puede ser ahora, con María embarazada de casi 8 meses y con una gestación que está siendo mas complicada de lo que debería.

Sería muy egoísta por mi parte decir que lo paso mal, que los echo de menos. Porque, siendo verdad, eso no me implica un trabajo extra. Lo duro de verdad es tener que hacer de padre y madre a la vez. Encargarte de una tarea que normalmente hacemos entre dos (y acabamos exhaustos el día) con el agravante de que en estos meses ya es tarea complicada cuidarse de uno mismo. Y eso es lo que hace María cada vez que me marcho, y que desgraciadamente en estos meses están siendo mas veces de las que nos gustaría.

Y no solo es duro desde el punto de vista físico, y emocional. También desde el laboral. Trabajar desde casa como lo hace mi mujer implica que lo suyo quede en último lugar. Murphy, además, se encarga a menudo de que coincidan con viajes días de vacaciones, enfermedades inoportunas (siempre lo son, pero cuando estás solo mas) y circunstancias imprevistas que hacen que sus planes se vayan al garete. Siempre los de la persona que está en casa. El sempiterno problema de la conciliación.

Siempre decimos que somos afortunados porque en el día a día podemos pasar mucho tiempo juntos, los horarios de trabajo son buenos y nos permite estar con ellos todo el tiempo que no pasan en el cole, pero a veces cuando lo decimos nos olvidamos de que, a cambio, hay muchas semanas como esta, en las que mi mujer se pasa los días multiplicándose y llegando a la noche completamente sin batería. Son pequeños para entender que tienen que ponerle las cosas mas fáciles a su madre, y además ese no es asunto suyo. A ellos nadie les pidió su opinión sobre si me voy o me quedo.


Además, y volviendo un poco al egoísmo,  hay un riesgo. Y es que tus hijos se acostumbran a que estés fuera de casa. Para ellos es normal verme en una pantalla mientras desayunan, cenan o juegan. Establecen rutinas para cuando no estoy, como dormir en nuestra cama. Comentarios, cosas sin importancia... pero cosas que al fin y al cabo van interiorizando y viendo como normal, y no me gusta.

Dentro de eso, tratamos de que ellos me sientan lo mas cerca posible. Hoy en día, afortunadamente la tecnología te permite estar muy conectado, aunque a veces la diferencia horaria hace muy complicado encontrar momentos en los que estemos todos disponibles.
Ellos desde pequeños están familiarizados con las pantallas, y con hablar a una ventanita de la misma forma que lo harán en persona. Me preguntan, me cuentan cosas de su día.. (bueno, eso cuando los cojo de buenas, porque si están haciendo algo entretenido pasan de mí completamente) pero no es lo mismo. Las mejores cosas del día pasan de manera espontánea. Una broma, un descubrimiento, una ocurrencia... y aunque luego la compartamos, es como la comida, enlatada y recalentada en el micro no sabe ni la mitad de rica.



Lo único bueno que tienen estas cosas es que no duran para siempre. Mientras termino de escribir esto, el avión empieza el descenso hacia el aeropuerto de Hong Kong. Ya estoy mas cerca de volver a casa. De recibir una montaña de besos y abrazos y de cargarnos las pilas mutuamente. De estar, de nuevo, los cinco juntos para ayudarnos y para tirarnos de los pelos. Para compartir días locos y noches de insomnio, partidas de Mario Kart y batallas de cosquillas... Para estar, en fin, la familia junta otra vez.





lunes, 23 de septiembre de 2019

Celos preventivos

La llegada de Nora Mei está, no podía ser de otra forma, muy presente en todos los miembros de la familia. Esta semana entramos en el tercer trimestre de embarazo. Y viendo los antecedentes, (tanto Iago como Roque nacieron en la semana 37) es factible que estemos a menos de 10 semanas de dar a luz, y todos nos vamos preparando. Cada uno a su manera.

La casa ya está adaptada. Sí, todavía hay mucho tiempo, pero somos así. Yo pensaba que tras dos embarazos estas cosas me las iba a tomar un poco mas a la ligera, pero que va! Ya tenemos la cuna, el cambiador, el carro, la mochila, mucha ropa... y la habitación preparada para su llegada.

Los niños, por supuesto, también están viviendo esto muy intensamente. Nosotros tratamos de involucrarlos en el embarazo todo lo posible. Tanto Roque como Iago vinieron con nosotros a varias ecografías, y es muy divertido descubrir cómo ven ellos las cosas. Le hablan a la barriga, la abrazan, sienten las patadas... a veces hasta quieren hablarle a través de mi boca porque creen que así su hermana les va a escuchar mejor. Además, los dos tienen un montón de preguntas, y no todas son fáciles de responder dada su edad.
La mas obvia y la que mas les preocupa es saber por donde va a salir Nora. ¿por el ombligo? ¿Por el culete? Roque, además, no concibe que yo no tenga pitilín, como él le llama. Porque todos los demás en casa lo tienen. Para él, la respuesta tiene relación con su otra duda. Y asegura: cuando salga Nora ya vas tener pitilín como nosotros. ¿Verdad mamá? Todo encaja.

Para Iago la cuestión es otra. Y no duda en preguntarla donde toca, con el ginecólogo delante: Mamá, ya sé que hace falta papá para poner a Nora en la barriga. ¿Pero cómo? El gine se moría de risa y me parecía que también de ganas de aplicar todo su rigor médico a la respuesta. Iago no quería dejar pasar la ocasión y yo le tuve que contar la película de la semillita bajo la mirada de cierta reprobación del doctor. Son 7 años, y no es del todo mentira. En algún momento le contaré un poco mas en detalle, pero me da que es todavía demasiado pronto. Está en el proceso de su propia exploración pero eso sería pasar demasiadas pantallas de golpe jeje.

No solo es el embarazo. También los dos tienen a Nora en la cabeza, y cada uno a su modo. Iago es una pasada. Se muere de ganas de que llegue, cuando ve un bebé pequeñito se derrite y siempre habla de su hermana y de lo que le apetece cogerla. Él, que es bruto como un arado, se vuelve todo ternura cuando se pone en el papel de hermano mayor.

Con Roque la cosa va a ser complicada. De por sí es un niño con muchos mimos de su madre. No deja que nadie mas le bese, le toque. Ni si quiera a su padre. Nosotros tratamos de que se vaya acostumbrando, pero él, que es muy listo y se lo huele, no solo no traga, sino que en los últimos meses está exagerando mas si cabe esa mami-dependencia. Todo el rato dice: mamá, cuando yo sea bebé otra vez esto, o lo otro... En fin, que va a haber lío.

El día que trajimos el carro a casa, Roque cogió una perrencha terrible por montar el capazo y no la silla para él (y hace meses que no usa carro ya) Y todos los días ahora en vez de ducharse se tiene que bañar en la bañera que ya tenemos para Nora. Casi no entra, pero no hay manera de meterlo en la ducha si no es en el dichoso baño.
Y el otro día no aparecía por ningún lado y me lo encontré haciéndose el dormido dentro de la cuna. Todo son señales, alertas que nos manda para avisarnos de que él tiene que seguir siendo el centro de atención. Y avisa de que no va a poner nada de su parte para que eso cambie.
Es algo que nos preocupa, porque es evidente que sobre todo los primeros meses hay cosas que nadie puede hacer por mi con la bebé, y inevitablemente va a repercutir en el tiempo que pueda dedicarle a los demás. Iago lo tiene claro y lo asume. Además él está feliz con su padre y muy liado entre cole, extra escolares y tardes de parque infinitas, pero lo del pequeño es otra historia.

Además, el calendario del colegio, que en condiciones normales debería ser mi aliado, este año está en mi contra. Si todo va como se espera, Nora nacerá en plenas vacaciones de Navidad, pero a eso hay que sumarle que este año en Enero se celebra el Año Nuevo Chino, con lo que (lo contamos) Iago y Roque tendrán en enero en total solo 6 días de clase. ¿No querías caldo? Pues dos tazas. Dios nos coja confesados.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Hongkoners al fin y al cabo


Es difícil mencionar determinadas cosas en según que sitios. Y a veces pensamos que hablar de política está fuera de lugar o que no interesa. Pero hay momentos en los que los acontecimientos que te rodean son de tal magnitud, que obviarlos es frívolo y hasta cierto punto inmoral. Porque la política, que vemos desde la barrera muchas veces porque pensamos que no nos afecta tanto, nos marca aunque no lo queramos ver. Y somos afortunados los que por nuestro estatus, sexo o nacionalidad, no vemos condicionadas nuestras vidas por estas decisiones. Pero no todos tienen tanta suerte.

Estoy seguro de que a estas alturas todos habéis visto en las Noticias las imágenes de las protestas que desde hace varios meses sacuden Hong Kong. No es mi intención daros aquí un sermón político ni explicar en profundidad todo lo que aquí está pasando, pero nosotros vivimos en esta ciudad, somos parte de esta sociedad desde hace años, y como tal, lo que pasa nos afecta.

Lo primero que tengo que decir es que nosotros en el día a día no nos sentimos amenazados. Vivimos ahora lejos del centro, y las manifestaciones y los enfrentamientos (que los hay y a veces son bastante violentos) están bastante lejos de donde nosotros estamos. Pero eso no evita que estemos inquietos. 

Últimamente está habiendo confrontaciones entre la Policía y los manifestantes en el metro y los autobuses. Y ahora que empieza el colegio, es imposible no estar preocupados. Iago muchas veces hace parte del camino de vuelta a casa en metro, y nosotros también lo utilizamos a menudo. Y no tiene por qué pasar nada, pero es inevitable pensar que te puede tocar a ti o a los tuyos estar en el momento equivocado en el lugar erróneo. Hay informaciones que dicen que el ejército chino podría estar preparado para entrar en Hong Kong y hacerse cargo de la situación. Parece poco probable, pero China es una nación impredecible y que no siempre se ciñe al Derecho Internacional así que uno no puede estar del todo seguro de nada. Y asusta.

Roque todavía es pequeño y no se da cuenta de nada, pero Iago sí. Nosotros tenemos la costumbre de poner mientras desayunamos, las Noticias de la tele de España de la noche anterior (con la diferencia horaria es casi como verlas en directo) así que es algo que tiene muy presente. El otro día se pusieron los dos a jugar a los playmobil, y Iago decía: Roque, tú eres la policía y yo los manifestantes..

También el conflicto está muy presente en la educación. Hay manifestaciones y huelgas de alumnos en secundaria, y al menos en nuestro colegio, mandan circulares a casa para tratar de persuadirnos de que los alumnos dejen la política fuera de las aulas. En el colegio de Iago se enseña mandarín, que es el idioma que se habla en Mainland China, mientras que aquí en Hong Kong se habla cantonés. Aunque el Gobierno cada vez está introduciendo mas el mandarín en las escuelas. En general, la tendencia hacia la inclusión de Hong Kong en China es clara, y es lo que de verdad inquieta a la gente de Hong Kong, mas que el caso concreto de la Ley de Extradición que fue lo que inició las protestas masivas. Es una situación complicada y que tiene pocos visos de resolverse en el corto plazo. El horizonte del traspaso efectivo, en 2047, se empieza a sentir mas cerca cada vez, y eso provoca mucha incertidumbre.

Incluso el fútbol, como no podía ser de otra manera, también se ve afectado. El fin de semana pasado empezó la liga, y en todos los campos hubo protestas, pero este martes, en el partido que jugamos con la Selección de Hong Kong, todo adquirió una dimensión mucho mayor.
Antes de empezar los partidos internacionales, suenan los himnos de las selecciones. Nosotros no tenemos himno propio porque somos una SAR (Siglas en Inglés que significan Región Administrativa Especial) dentro de China, y como tal, el himno que suena es el chino. En los últimos años, al menos desde que yo formo parte de la Selección, un sector de la grada siempre ha silbado el himno. Pero esta vez fue masivo. Desde el campo no pudimos escuchar ni un acorde, solo silbidos y abucheos del yo diría el 100% de las quince mil personas que había en el estadio. Y durante el partido muchos de los cánticos eran de índole política mas que deportiva.

Estamos viviendo momentos difíciles aquí, de los que no podemos permanecer ajenos. No es nuestra tierra, pero llevamos en ella casi una década y nuestros hijos se están criando aquí. Nora Mei tendrá incluso pasaporte de Hong Kong, como yo lo tengo, y tampoco tenemos claro lo que eso pueda implicar en los próximos años si la situación sigue así.
Solo sabemos que Hong Kong es un lugar muy especial, muy importante en nuestras vidas y que mucha gente está sufriendo. Muchos están planteándose su futuro lejos de aquí, y no cabe duda de que si las cosas cambian y las libertades se restringen, este también dejará de ser un hogar para nosotros. Hay tiempo por delante y confiamos en que haya una solución diferente y apropiada para todos, pero la duda ya existe.



miércoles, 17 de julio de 2019

Nora 美

Cuando nos mudamos hace un par de meses lo hicimos por varios motivos. Muchos de ellos ya os los contamos en la anterior entrada del blog. Pero hay mas. A estas alturas, casi todos los que nos conocéis o nos seguís en RRSS ya lo sabréis, pero puesto que este blog no deja de ser un diario, no podíamos dejar de decirlo aquí también. Y es que en diciembre tendremos un miembro más en la familia.

Antes de nada, y respondiendo a LA PREGUNTA que mucha gente hace y que mucha mas piensa pero no dice, es un bebé completamente buscado. No es muy común en estos días, lo sé, pero nosotros desde siempre quisimos una familia numerosa. No somos ni valientes, ni inconscientes ni locos. Lo que sí somos es muy afortunados de poder conseguirlo, porque sabemos que no siempre querer es sinónimo de poder cuando se habla de embarazos.

El caso es que aquí estoy yo, embarazada por tercera vez, y con la ilusión de la primera, o más. Porque por un lado, puedes vivir esto cien veces que siempre va a ser excitante. Sigo esperando con impaciencia la cita con el ginecólogo para verlo en la eco, sigo leyendo y mirando cómo va a estar mi bebé semana a semana, que estará desarrollando ahora mismo... y me sigo emocionando cada vez como la primera.

Pero además, este embarazo es único porque lo estoy viviendo con mis hijos. Ellos son partícipes de cada cosa, preguntan, (a veces cosas que quizás niños de 6 años todavía no deberían saber jeje) vienen cuando pueden a ver las ecografías y ver sus reacciones ante cada cosa que va pasando dentro de mí es una sensación única. Ver como se ponen los dos pegados a la barriga a hablarle al bebé con una ternura infinita me derrite. Ver a Roque, que tiene solo tres años, jugar a los doctores diciendo mamá, mira la pantalla, ahí está tu bebé es algo que no viví en los anteriores embarazos y que lo hacen mas especial si cabe que los demás.

Y que cada embarazo es un mundo. Porque de los dos anteriores, yo pensaba que lo de las nauseas y los mareos y los ascos era una leyenda. Me levantaba tan feliz y tranquila por la mañana, podía comer de todo, no tenía sueño nunca... pero esta vez fue todo diferente. Ahora, pasados los tres primeros meses (otra leyenda urbana que resultó ser cierta) estoy mucho mejor, pero he de decir que esta vez lo pasé mal. Yo soy una persona muy activa, y aunque no lo fuera, tener dos hijos peques no favorece mucho el descanso, pero tenía sueño a todas horas. Por la mañana no podía ver la comida delante. Empecé a odiar cosas que antes eran un manjar para mí, como el aguacate, al que aun a día de hoy miro con cierto recelo. Y por las noches los mareos y dolores de cabeza me dejaban destrozada. Raro era el día que llegaba a las 9: 30 de la noche despierta!

Estas cosas, y muchas conversaciones con amigas que habían pasado por situaciones similares empezaron a hacerme pensar que quizás este embarazo era tan diferente porque los anteriores habían sido niños, y este podía ser niña. Es algo que ni se me pasaba por la cabeza, la verdad. ¿Niña? ¿Yo? Si solo hago niños... No podía hacerme a la idea de otra cosa. En casa los deseos estaban un poco divididos. En realidad solo Iago quería abiertamente que fuera niña. A nosotros nos daba igual, pero pensábamos que tres niños serían una familia en sí misma, compañeros de juegos y de aventuras inseparables de por vida, y nos gustaba esa idea.
En la familia, sin embargo, el deseo era unánime y abiertamente manifestado. Abuelos, tíos.. todos sin excepción, querían que fuese una niña. No imaginaban otra cosa.

Y, bueno, al final sí. Nora Mei va a ser la primera niña de la casa!!! Nos enteramos hace poco. Me hice una prueba, el NIPT (Non Invasive Prenatal Test) para descartar anomalías genéticas con la mayor precisión posible. Sé que los riesgos eran pocos habiendo tenido ya dos hijos sanos, pero como acabo de cruzar la barrera de los 35 y a partir de esa edad las posibilidades aumentan, quería tener esa tranquilidad. El test del pliegue nucal y el análisis asociado que te hacen en el hospital me lo hice poco antes de irnos a España de vacaciones y no iba a tener los resultados antes de viajar, y necesitaba estar tranquila.
El caso es que el NIPT te dice con certeza absoluta el sexo del bebé. No voy a olvidar nunca el momento en el que me llamaron. Estábamos los cuatro juntos por la calle. Cogí el teléfono y me quedé sin palabras durante un buen rato. Ellos me miraban atónitos. Solo pude decir: Es niña! Iago se puso a dar saltos y la cara de Dani fue increíble. Creo que en el fondo él también quería que fuese niña.

La verdad es que ahora que lo sabemos, y que pasaron unos días para digerirlo, estamos emocionados y encantados de que sea una niña. Es el complemento perfecto. Dani reza, eso sí, para que tenga el pelo de Iago y no se pueda hacer mucho por peinarla, porque solo pensar en hacer trenzas y coletas use pone nervioso, pero todos estamos felices. Y bueno, de los abuelos y demás familia ya ni hablamos. Decidimos decírselo por sorpresa cuando llegamos a España, (Sí, fuimos capaces de guardar el secreto, incluso los niños, durante casi una semana) y la reacción fue increíble.

Se va a llamar, se llama ya, Nora Mei. Nora es un nombre que nos gusta desde siempre. Y como Dani tiene pasaporte de Hong Kong (algo que no pasaba en los anteriores embarazos) Nora va a tener la doble nacionalidad. Para el pasaporte de Hong Kong necesita tener también un nombre chino, así que decidimos ponerle Mei, que significa bonita, o hermosa. Iago nos enseñó a hacer el carácter chino: 
(美)
No es especialmente difícil, lo que ayuda a la hora de cubrir documentos que todavía no sabemos ni que existen, y nos hace ilusión que tenga un nombre chino. Porque es innegable que esta etapa que estamos viviendo aquí, y que ya es de casi una década, va a marcar nuestras vidas y sus vidas para siempre. Y qué mejor que llevarlo en su nombre, como huella imborrable de un pasado que marcó su futuro, nuestro futuro.


























Vuelta al cole

Todo pasa y todo llega. Nunca esta frase tuvo tanto sentido como ahora. En España estáis todos ya en la última fase d...