Vacaciones (I)

Llegó junio, y con él, las ansiadas vacaciones que esta vez necesitábamos más que nunca. Un año intenso, duro y complicado que hizo que la vuelta a nuestra tierra se añorase más que otras veces. Sin  embargo, por experiencia sabíamos que venir a "casa" después de estar tanto tiempo fuera tiene poco de vacaciones y mucho de obligaciones. Familia y amigos reclaman la presencia de Iago (nosotros ahora quedamos relegados a un segundo plano) y hay que andar mucho de un lado para otro contestando casi siempre las mismas preguntas. 
Por eso, antes de venir a España, pasamos unos días en Phuket. Un hotel fantástico y una playa casi para nosotros solos era todo lo que necesitábamos para descansar y cargar unas pilas que estaban en estado crítico. Y lo cierto es que salió todo a pedir de boca. El enano corrió todo lo que quiso y más por la arena (eso si, lejos del mar porque le asustaba el ruido de las olas hasta el punto de llorar incluso hasta cuando sus padres se bañaban) y se bañó en la piscina hasta arrugársele las arrugas de las manos y los pies. 
Nosotros también aprovechamos el tiempo para descansar, hacer algo de turismo y sobre todo disfrutar de una tranquilidad que echábamos de menos. No hay nada mejor que una cena al borde de la playa en la que sólo se escucha el ruido del mar para sanarse del exceso de ruido y del ajetreo de Hong Kong.
Es cierto que en nuestra última noche allí se produjo el Golpe de Estado en Tailandia. En la tele solo se veía el escudo del ejército y se decretó el toque de queda a partir de las 10 de la noche. Pero también lo es que allí en Phuket la cosa estaba mucho más tranquila que en la capital, y ni esa noche ni el día siguiente en el aeropuerto tuvimos ningún tipo de problema. Volvimos a Hong Kong sanos y salvos.

Dos días después, con apenas tiempo para deshacer, lavar y volver a hacer las maletas, salíamos rumbo a España. Iba a ser un viaje normal, pero tras iniciar la maniobra de despegue, el avión se detuvo y volvió a la puerta. Tras casi cuatro horas dentro intentando solucionar el problema, dijeron que nos bajásemos que saldríamos al día siguiente. Y menos mal, porque Iago ya había dormido casi todo lo que le tocaba, y trece horas con él despierto hubiesen sido un suplicio para él y para nosotros. Al final, no hay mal que por bien no venga, y el día siguiente tuvimos que viajar e Primera porque en turista no había sitio.
El vuelo fue una maravilla, Iago durmió casi todo el camino y casi nos olvidamos por completo de lo vivido en los días anteriores. Por delante todo un mes de vacaciones, de hacer todo lo que echamos todo el año de menos, de que el peque disfrutara de sus abuelos y, sobre todo, de que sus abuelos disfrutasen de él. Pero eso será otra historia 



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