Agosto de guarde y cumple

He de confesar, con ciertos sentimientos agridulces de tranquilidad y pesar, que Iago salió bien de su primer día de clase. Diría incluso que feliz, sin muestras de haber llorado mucho aunque aliviado de verme allí esperando por él.
Sí, definitivamente va contento, no hay forma de salir de casa sin que él sea quien lleve su mochila, diciendo "cole cole" y mientras esperamos en la puerta a que abran mira extrañado a los demás niños que lloran.
Cuando lo voy a buscar, me espera sentado en el banco donde les hacen cambiar los zapatos (tienen unos que sólo usan en clase y que cada viernes traen en una bolsita para limpiarlos y llevarlos otra vez el lunes) y si algún niño protesta el les mira con pena y les dice "no llores". Me da un abrazo, me enseña lo que hizo en clase y me dice un Te Quiero que me derrite. En ese momento le compraría hasta una moto si me lo pidiese!
En estos pocos días que lleva en la guarde notamos algunos cambios. Por supuesto, lo primero en el idioma. Ahora a veces lo sorprendemos o mejor dicho nos sorprende cantando alguna canción que no conocemos, o nos da órdenes que seguro él recibe, como "sit down". Es la expresión que más repite y, conociéndolo, no me extrañaría que las profes se lo dijesen a él cada más o menos 30 segundos durante el tiempo que está en clase. A veces hasta me compadezco un poco de ellas! También se reconocé mucho más a sí mismo, dice Iago y se toca el pecho diciendo "me, me" y su vocabulario sigue creciendo, mezclando idiomas y creando palabras propias como "altall" mezcla de alto y tall. Y muchas cosas más.

Y, en pleno proceso de adaptación, llegó su cumple. En la guarde no lo celebraron, porque este mes es sólo de "prácticas" y hay pocos niños, así que se lo celebrarán el mes que viene. Pero en casa por supuesto que sí. Invitaciones, globos, sándwiches de nocilla, piñata...(sí, somos padres nacidos en los 80') y por supuesto, la tarta. Una tarta súper chula en forma de balón de fútbol que les encantó.
A Iago le fuimos diciendo que iba a ser su cumple, su fiesta, pero cada vez que le decíamos la palabra cumpleaños él decía Iris, porque la asociaba a la fiesta de cumple de Iris que había sido un par de semanas antes. Pero poco a poco se fue dando cuenta.
 En la fiesta había niños chinos, taiwaneses, brasileños, españoles y hasta una niña israelí. Pero todos se comportan igual con regalos y juguetes por el medio. 9 niños y sus madres o cuidadoras en un piso relativamente pequeño. Una locura, pero todos lo pasamos muy bien. Ellos jugaron hasta cansarse, comieron tarta a dos manos, cantaron... Y nosotros disfrutamos de verle soplar las velas y tan feliz rodeado de sus amigos.





















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